—No seas llorón y vayámonos que me siento horrible— Se puso de pie casi deseando no hacerlo, ¿Cómo Chris soportaba sentirse así a diario? —Y ni se te ocurra dejarme solo allá, si me preguntan algo no sabré responder.
Chris asiente con la cabeza, algo entusiasta como para saber que puede ser que no le dejen pasar. Cuando se dirige a la puerta y gira la chapa se da cuenta de la libertad que ahora tiene, y trata de reprimir una sonrisa… o incluso un llanto de felicidad. ¿Hacía cuando tiempo no sentía esto? Le daba, en cierta forma, esperanza. Aunque sabía bien que debía corregir este error, una parte de él no lo deseaba. Una vez en la puerta de su casa y más específicamente, en la puerta de su auto, sus ojos varían nerviosos y se dirigen por encima del auto a los de Connie-en-el-cuerpo-de-Chris. –No puedo hacerlo.

Mira a Chris y se ve a si mismo, es jodidamente raro ya que no es igual a verte en un espejo, es mil veces más...
“¡No les diremos eso aún!” Exclama, pero aún así, en un susurro. “No nos podemos arriesgar. Estamos aquí para mi cita...