—Si, vale, también entendí que me quieres ignorar— por algo había salido corriendo y le pasaba de largo en las clases. —Adiós— se dio la vuelta y regresó al salón de música a recoger sus cosas además que no tardaba en recibir el mensaje de su hermana.
Cuando el chico cierra a puerta del salón en el que se lo había encontrado, repentinamente Jack se siente mal. Quedaría como un estúpido si le persigue después de haberle sacado la vuelta, así que vacila unos segundos, pero termina por levantar sus casco y sus cosas y arrastrar sus pies a casa.
Dos días después y un día antes del juego que los llevaría a las semifinales de la temporada, los chicos no tenían entrenamiento. Era viernes, el juego el sábado por la noche y este implicaba fiesta después si es que ganaban, y bueno, lo tenían casi por seguro. Jack se queda después de clases igual porque prefiere quedarse en la escuela y platicar los últimos detalles con el entrenador que regresar a casa y tener que ver a su mamá y a su papá cuchicheando y besándose descaradamente mientras él trata de comer un bocado. Y obviamente no fue mucho el tiempo el que estuvo con el entrenador y le sobraban varios minutos, así que se arma de valor y busca el salón de música.
Si es sincero consigo mismo, no pudo dormir sintiéndose culpable. Algo le carcomía y es que se había portado muy abusivo sin estar en realidad alrededor de su equipo, y eso para él era algo que reprocharse. Cuando se pone frente a la puerta del salón, abierta, aún así toca, esperando llamar la atención del chico.