Había sido una larga semana, lo más difícil era tener un momento a solas. Todo el tiempo estaba rodeada de su madre o su hermano, pero por fin obtuvo una oportunidad de pasear un poco. Mabel había descubierto que se inspiraba más cuando no estaba en casa, así que se dirigió al parque más cercano para avanzar con su tarea de su clase de dibujo.
Cómo amaba dibujar rostros. Estaba mejorando con el tiempo y eso le llenaba de orgullo. Se dedicaba a detallar el trazo de los ojos del retrato que dibujaba cuando desvió su vista un segundo. Algo llamó su atención inmediatamente. De las cosas que más le molestaban de tener cáncer, era que todo el mundo notaba que tenía alguna enfermedad al llevar consigo todo el tiempo su tanque de oxígeno, era como una bandera; sin embargo, hacía tiempo no veía a alguien con la misma bandera. Un chico caminó frente a ella y como reacción intentó hablarle —¡hey!— raras veces se atrevía a hablar con extraños, pero esa era una ocasión especial. Se levantó de la banca en la que había estado dibujando, tomó sus cosas y se acercó a él.
Chris es un bueno-para-nada. Bueno, en realidad, si es bueno para las matemáticas, ecuaciones, álgebra, geometría, Mario Kart y comer pizza; pero nada relacionado a las artes o que alguna persona venga y diga: “¡wow! ¡admirable!”. No es que le importara mucho, pero a veces simplemente tendía a aburrirse por las tardes y salía al parte a supuestamente respirar aire fresco, que en realidad no lo respira, pero de algo sirve soñar. Se sentó en una banca durante 30 minutos, observando niños jugar, los pájaros cambiar de árbol en árbol y otras cosas por el estilo, hasta que decidió que debe ir a casa y toma el tanque de oxígeno muy desganado, arrastrando los pies por la acera.
Una chica le grita y Chris, por instinto, voltea algo confundido y asustado: apuesto que su expresión debió haber valido millones. –Oh. –Dijo cuando vio que una chica, y luego, una vez más, musitó –Oh. –cuando siguió con la mirada el cable desde su nariz hacia un tanque… distinto al de él. –Hola.