–No seas marica– gruñó cuando alcanzó a Chris fuera de su casa. –Sube al auto, yo te diré que hacer, ya te dije que es como jugar mario kart.
No replica, traga saliva y se digna a subirse al auto. Poner su pie en el freno y en el volante se siente completamente extraño, como si estuviera a punto de volar un avión repleto de gente en vez de un auto. Está nervioso, pero trata de no hacerlo notar, aunque seguro con Cornelious enseguida y él conociendo su propio cuerpo y las manías de Chris, lo sabría de inmediato. Toma las llaves y tarda un poco en ponerla correctamente sobre sus dedos, mientras se muerde el labio las introduce en donde deben de ir y simplemente prende el auto. –¿Ahora?